La policía boliviana al servicio de la sociedad, ¿o del interés político?

En los últimos tiempos, los dirigentes del MAS y los ejecutivos a cargo de la administración del Estado boliviano han extendido también sus tentáculos a la actuación de los funcionarios policiales en los casos de «control de disturbios civiles» responsabilizando como centro de sus críticas al accionar policial en su enfrentamiento con algunos sectores de los denominados ‘movimientos sociales’.

Todos sabemos que el la función de la policía está enmarcada en la Constitución Política del Estado Plurinacional:

Artículo 251.

I.    La Policía Boliviana, como fuerza pública, tiene la misión específica de la defensa de la sociedad y la conservación del orden público, y el cumplimiento de las leyes en todo el territorio boliviano. Ejercerá la función policial de manera integral, indivisible y bajo mando único, en conformidad con la Ley Orgánica de la Policía Boliviana y las demás leyes del Estado.

II.    Como institución, no delibera ni participa en acción política partidaria, pero individualmente sus miembros gozan y ejercen sus derechos ciudadanos, de acuerdo con la ley.

Articulo 252. Las Fuerzas de la Policía Boliviana dependen de la Presidenta o del Presidente del Estado por intermedio de la Ministra o Ministro de Gobierno.

Lo que refleja con extraordinaria profundidad y fuerza la práctica sobre el cumplimento de las ordenes a instrucciones precisas del ‘poder ejecutivo’ y el servilismo de los comandantes de turno sobre la base de la aplicación de la interpretación teórica equivocada de la «misión constitucional», socavando la dignidad institucional como los ocurridos con los luctuosos y denigrantes hechos de ‘Caranavi’, ‘la intervención a la marcha del TIPNIS’ y ahora ‘Yapacani’, que está enfilado contra las voluntades civiles del pueblo que se halla aún bajo la tónica de la dominación del modelo neoliberal y del autoritarismo.

Este accionar propio de los gobiernos dictatoriales tratan de desacreditar la teoría y la práctica del socialismo proletario, que otrora triunfó en el movimiento obrero tras larga lucha contra el socialismo pequeñoburgués, el capitalismo y otras corrientes anticientíficas. Los dirigentes del MAS y su manera de actuar, reconózcanlo o no, resucitan las ideas del socialismo pequeñoburgués e intentan, desde estas posiciones, criticar la experiencia internacional de la edificación de la nueva sociedad, con paz, tranquilidad en la diversidad cultural de sus habitantes, sin respetar la función policial.

Los políticos masistas no respetan la institucionalidad de la Policía Boliviana, al igual que los gobiernos que le antecedieron. Utilizando el poder político de quienes se encuentran al mando de la institución, haciéndose obedecer bajo la prebenda del ascenso de grado y del principio del estímulo material, conducen a que algunos mal llamados oficiales institucionalistas se lancen a la caza de ventajas personales, conduciendo al acaparamiento, al afán de lucro, al crecimiento del individualismo político, al menoscabo de la dignidad institucional… e incluso a su descomposición.
¿No hay, acaso, tras estas chillonas palabras un profundo desprecio por las necesidades vitales del ciudadano común que espera de su institución tutelar del orden el cumplimiento fiel a su misión constitucional, su doctrina y su himno que destaca —contra el crimen tu pecho es muralla—, y solo busque satisfacer el bien común, por los principios y los ideales de una sociedad democrática?

La vida confirma plenamente la justedad de las tesis marxista. Si a los dirigentes masistas les interesaría efectivamente la verdad, podrían recurrir a la práctica de nuestra vida cotidiana, ver cómo no ha cambiado la base económica, el crecimiento del narcotráfico y la estructura social de la sociedad boliviana en general, no solo del sector cocalero. Un verdadero socialista considera que el aplastamiento de las clases explotadoras derrocadas es una importantísima tarea de la dictadura del proletariado. Las sociedades socialistas, como se sabe, estaban compuestas de dos clases amigas —los obreros y los campesinos— y del grupo social que forma la intelectualidad popular. Todos ellos estaban unidos por la comunidad de intereses cardinales, por la ideología marxista-leninista y por  un objetivo único: edificar el comunismo.
La dirigencia masista y sus intereses no respetan las instituciones y menos las funciones para las que fueron creadas, por lo visto, están tan cegados por la lucha fraccional que en su acaloramiento no se han dado cuenta de que se contradicen a sí mismos. Con su propósito que proclamaron el rumbo del «proceso de cambio».

Como vemos, los dirigentes masistas tienen una idea falsa del socialismo y del comunismo y una práctica de la edificación de la nueva sociedad que está lejos, muy lejos, de la teoría marxista del comunismo científico. Ni en Marx ni en Lenin encontraremos en parte alguna la menor alusión a que las tareas cardinales de la edificación del socialismo puedan ser cumplidas con el método del «autoritarismo» y de los ataques de policías políticos, sin tener en cuenta el grado de madurez de las premisas económico-sociales y espirituales del avance y dejando de lado la tarea de elevar el bienestar de los trabajadores y de la sociedad entera.

Los dirigentes masistas intentan en vano imponernos su práctica como «verdad universal»; quieren proponernos como «modelo» una sociedad en la que se idealiza la violencia, se limita la democracia, crece el narcotráfico y se menosprecia la preocupación por los trabajadores, les diremos francamente: semejante «verdad universal», semejante «modelo» no valen para el pueblo boliviano.

El objetivo de la función policial y del vivir bien en democracia ha sido y sigue siendo brindar seguridad ciudadana, respetar los Derechos Humanos, que designa paz, trabajo, libertad, igualdad, fraternidad y dicha para todo el pueblo.

Algunos policías honestos seguirán esforzándose por conseguir que se normalice la situación y se fortalezca la democracia para todos los sectores sociales sin discriminación alguna, luchar contra todo tipo de delincuencia sin favorecer a algunos sectores dedicados a actividades ilícitas. Los policías institucionalistas están profundamente convencidos de que la misión constitucional existirá, crecerá y se fortalecerá.

Juan Waldo Panozo Meneces es Policía y Politólogo

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